Carne y Espíritu

Aunque la mayoría de la gente piensa que cuando la biblia menciona “carne” se refiere a nuestro cuerpo o peor aún a nuestra “naturaleza humana” y es así que al declararle la guerra a la carne nos encontramos peleando contran nuestro propia cuerpo o contra nuestra propia naturaleza.

No puede haber nada más lejos de la verdad, pues jamás, mientras estemos vivos podremos deshacernos de nuestro cuerpo, más aún, la biblia dice que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, y además como cristianos creemos que resucitaremos con ese cuerpo y ese cuerpo vivirá glorificado por la eternidad.

Por otro lado, se piensa que cuando la biblia habla de la vida en el espíritu se refiere a una vida de prácticas religiosas como orar, leer la palabra, rezos, liturgias, ayunos, sacrificios, etc… Con lo cual se produce un quiebre profundo entre la fe y la vida, un quiebre que nos está haciendo pagar grandes precios en la actualidad, precios como la mediocridad en los cristianos, la falta de capacidad para asumir las realidades temporales que estamos llamados a transformar mientras vivimos en el mundo, vidas escondidas en el templo, sin fecundar a los que no creen, sectarismos y cerrazones; y todo esto solo lleva a los pecados tan terribles en que los cristinos caen, tanto laicos como sacerdotes, pues la represión de nuestra naturaleza, en algún momento hace que reventemos y que no estemos preparados para pelear con ella.

La Biblia se refiere a otra cosa, es otra intención la que lleva al hablar de la carne y del espíritu. La vida en el Espíritu, por ejemplo, se refiere no a practicas religiosas, sino a una vida normal con sus retos ordinarios, pero esta vivida desde la perspectiva de Dios, dejándose guiar no por cualquier signo espiritual, sino por el Espíritu de Dios, eso es una verdadera vida pero guiada por la moción e inspiración del Espíritu Santo, es decir, que la persona que trabaja lo haga bajo la guía del Espíritu, la que limpia, la que ayuda, la que se pasea, la que va al cine, la que baila, la que platica, la que come, la que duerme… lo que sea, que sea hecho bajo la guía del Espíritu Santo.

Así la vida de la carne no tiene que ver con nuestro cuerpo, sino con alejarnos del Espíritu, las obras de la carne no son las obras de nuestro cuerpo, sino las consecuencias de estar apartando de la guía y socorro del Espíritu de Dios, eso es contra lo que debemos de pelear, con una vida que disocia las actividades diarias de la guía del Espiritu Santo.

La pregunta ahora sería ¿Qué tan carnal o qué tan espiritual soy?

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