El Reino de Dios

Un hombre encontró un tesoro en un campo y fue y vendió todo lo que tenía para encontrarlo. Los cristianos deberíamos de econtrar ese campo y sobretodo ese tesoro que nos haga valorar todo en menos que a él.

Para Jesús el Reino de los Cielos era una realidad palpable que vivía dentro suyo y que podía compartir, contagiar y por lo tanto hacer crecer en esta tierra.

Ese Reino de Poder, de Justicia, de Paz y de Alegría, es el tesoro, es la vida en abundancia que él nos vino a ofrecer. Y aunque la viviremos en plenitud en la eternidad, desde ahora podemos sentir muchos de sus efectos y compartirlos y cambiar realidades de muerte y tristeza, en realidades de dicha y vida.

Jesús vivía en el Reino de Dios, veía ese Reino, respiraba ese Reino, por ese Reino vivió, por ese Reino murió y por ese Reino resucitó. Yo he ofrendado mi vida para que ese Reino sea anunciado y conocido por los pobres, los cautivos, para que puedan verlo los ciegos, para que lo disfruten los oprimidos y para que todos gocemos de la dicha de nuestros Dios.

Espero, anhelo junto con la creación, la manifestación gloriosa de los Hijos de Dios, sueño con el día en que todos podamos experimentar la gloriosa libertad de ser un Hijo de Dios.

En cada trabajo que hago, en cada entrenamiento, en cada charla, en cada curso, en cada terapia que doy, le agradezco a mi Señor cuando me deja vislumbrar un poco de esa manifestación gloriosa en una vida.

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