Un ‘Gran’ nombre

Gn 12, 1-4

Es realmente enternecedora la manera en que Dios nos enseña y nos muestra cómo deben de ser hechas las cosas.

En el relato previo (la torre de babel) acaba de mostrarse un Dios terminante, que hasta parece intransigente y autoritario, que les pone un alto a aquellos que quieren hacerse ‘Un gran nombre’ delante de las naciones; incluso muchos sugieren que son celos, pues Dios quiere que solo Él tener un gran nombre.

Pero ¿qué podríamos decir ante esta llamada de Dios a Abrán? Ahora no es Abrán el que busca ‘el gran nombre’, ni siquiera se lo pide a Dios, es más Abrán ni siquiera hizo el primer contacto con Dios, es probable que lo conociera poco o nada; ahora es Dios mismo el que busca y el que propone, es como si dijera: “Así no se hacen las cosas, te voy a mostrar cómo deben de ser”.

Este relato va aún más allá, pues no solo promete a Abrán dicha y bendición, sino que le dice que él mismo será una bendición y que por medio suyo bendecirá a todos los linajes del mundo.

Todo esto con una sola condición, una ‘pequeñísima’ condición; confiar totalmente, abandonarse a ese Dios que le hablaba; dejar tierra, patria e incluso la seguridad de su familia. Y ante la respuesta afirmativa de Abrán, comienza la más bella historia de amor de todos los tiempos, fue ahí donde empezó el compromiso nupcial de Dios con su pueblo, de ahí nació el pueblo elegido, en atención al amor de Dios por Abrán y su descendencia. Puedo decir que Dios se enamoró perdidamente. Lo único que pudo enamorar el corazón de Dios es la respuesta sencilla, de un hombre sencillo, que estuvo dispuesto a depender de Él; y no fueron solo palabras, pues varias veces pudo Dios comprobar que lo que Abrán afirmó en un principio, lo sostuvo hasta el final.

Hoy me quedo con:

El deseo en mi corazón de entregarle y demostrarle a Dios, mi total dependencia a Él, que esto siempre vaya más allá de mis palabras y que Él pueda comprobarlo cuando quiera. Quiero ser un hombre sencillo, dando una respuesta sencilla.

Por otro lado, quiero crecer en mi vida, pero ya no quiero construir torres para hacerme un buen nombre, ya no quiero esforzarme para que el mundo me reconozca; quiero que Dios me de un gran nombre, como Él lo pensó para mi, no quiero ser bendecido solamente, sino que quiero ser yo una bendición.

Y estoy seguro de que desde que conocí a mi Señor, poco a poco he ido siendo más una bendición en los lugares a donde he llegado, así que quiero tomar más esa responsabilidad, y llegar a más sitios para bendecirlos, a más personas para bendecirlas y aunque suene raro, se trata de bendecirlas con mi presencia, con el trato que Dios me ha enseñado y con el testimonio de lo que Él ha hecho por mi.

Mi Señor, hoy vuelvo a decirte que ‘SI’ total y absolutamente, ahora con menos fe que al principio, pues al principio no veía nada y solo confié, pero hoy mis ojos han visto tus maravillas, puedo descubrirte en la cosa más grande que pueda ver en el día y en la cosa más insignificante que casi me pasa desapercibida; ¿cómo podría llamarle fe a eso? si en realidad me has abierto los ojos y me has dejado palpar lo que me prometes. En cualquier caso mi corazón y mi vida entera te pertenecen y no hay nada que desee más que estar contigo y serte fiel. Te amo Papá y gracias por el abrazo de esta mañana, te prometo poner atención a esas áreas que me dijiste.

Atte. El bendito gusano

 

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