Tu historia y tu porvenir

Génesis 22

La vida de Abrahám es un tremendo ejemplo de una vida caminando en la fe, obviamente a ciegas y confiando en quien dirige, en este caso Dios.

Hay muchos matices y puntos de reflexión en la vida de Abrahám y Sara, sus trampas, sus interceciónes, su negociaciones, su hospitalidad, su sabiduría; pero aunque todas estas son muy interesantes, en realidad que chicas comparadas con la fidelidad y fe que demuestra para con Dios.

Quiero observar un poco el relato de Abrahám  e Isaac, el tan conocido (por cristianos, no cristianos, judíos, musulmanes e incluso por ateos) capítulo 22 del Génesis. Dios le pide a Abrahám que le sacrifique a su propio hijo, y por cierto, que chocante nos puede parecer esto a nosotros en el siglo XXI, sin embargo, esta era una costumbre de la tierra en que Abrahám vivía, en Canaán era tradición sacrificar al primogénito a los dioses, así que en este caso podemos tomar como que Dios solo usó un ritual del mismo pueblo para ‘probar’ a su siervo, tal como lo dice el inicio del relato.

Pero hay algo aquí que me llama de modo especial, hay muchos momentos en que Abrahám es ‘audaz’ con las adversidades, hasta tramposo; incluso con Dios mismo se convierte en negociador en el tema de Sodoma y Gomorra. Pero en este caso, en donde Dios le pide a su hijo, permanece en silencio.

En el caso de los Cananeos, pues sacrificaban a sus hijos pero siempre venían más y se concretaba la descendencia tan anhelada en ese tiempo. Con Abrahám era algo distinto, él estaba prácticamente resignado a que no iba a tener hijos, pues su avanzada edad y la de su esposa no dejaban lugar a la esperanza, pero fue Dios quien le dijo que tendría un hijo; incluso Abrahám y Sara intentaron justificar eso pensando que debía de ser con alguna esclava, y así Sara le dice a Abrahám que tome a Agar, pero Dios sigue insistiendo en que así no, que será Sara la madre, hasta que finalmente el milagro se concreta y nace Isaac, ¡Qué Maravilla!

Pero ahora resulta que Dios le está pidiendo a Abrahám que le sacrifique ese regalo de Dios, que además de ser un hijo, es su sueño más preciado, es su esperanza de trascender, de que su paso en esta tierra deje huella. Es como Dios se contradijera de un modo fatal. Y lo que más me impacta es el hecho del silencio de Abrahám, un silencio igual al del capítulo 12 cuando Dios lo llama, solo silencio y obediencia, sin rengueos, sin negociaciones, sin peticiones, solo fe y confianza. Cuando Dios llamó a Abrahám le pidió su pasado, le pidió que dejara su historia personal, el trayecto de su vida hasta entonces, ese fue el sacrificio al inicio; pero ahora le estaba pidiendo que le entregara su futuro, sus anhelos, su porvenir, la única esperanza en tan avanzada edad. Y me sorprende porque es como si el texto nos dijera que Abrahám entendió claramente y por eso simplemente calló y obedeció.

No fue una prueba fácil, hubo un largo camino hasta el lugar del sacrificio (cielos que agonía), cargó a Isaac con la leña en que lo iba a quemar, Isaac no era un niño, era más bien un adolescente, y preguntaba lo obvio hay leña, cuchillo, todo pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?😥 Además puso el altar, prendió la leña, ATÓ A ISAAC (por eso los judíos le llaman a este pasaje, ‘La Atadura de Isaac’), y todavía alargó el cuchillo para inmolarlo y fue hasta entonces donde Dios proveyó la salida.

A mi me queda de reflexión:

He entregado a Dios mi pasado, mi historia, y lo que había antes de conocerlo a Él, pero que tan dispuesto estoy a entregarle mi futuro, y no estoy hablando del capricho de mi vida de gustos y placeres, sino del futuro que Él mismo me propuso, el futuro al que he apostado todo, el futuro de construir el Reino de Dios aquí en la tierra, el futuro de llevar su mensaje y levantar alto la voz para llegar a más personas, el de ser apóstol en cada minuto de mi existencia, el futuro de tener una familia llena de dicha en donde se viven los valores del evangelio, ¿qué si Dios me pide que le entregue eso? ¿podré ‘alargar mi cuchillo’? ¿podré, como Abrahám, callar, obedecer y confiar? Si Dios me pide a mi esposa, si me pide a mis hijos, si me pide mi salud, si me pide mi capacidad de pensar…. ¿Podré? ¿Tendré la entereza de Abrahám en esa situación?

La respuesta es SI SEÑOR, SI a lo que tu quieras, si a lo que me pidas, sin importar dudas, temores, la respuesta inicial fue SI y lo sigue siendo Señor, tú lo sabes. Quiero decirte que sigues siendo lo más importante para mi, que sigues siendo el Único, mi Escudo y Fortaleza, y como dice el evangelio, Señor yo creo, pero aumenta más mi fe. Si te enamoraste de Abrahám por su sencilla respuesta de fe total, quiero darte mi propio corazón sencillo y con una fe total, a ver si logro enamorarte como tu siervo Abrahám, te amo.

Pd. El satán está poniendo gorro, dale un estate quieto Papá por favor.

Atte. El gusano de la fe

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