6.- El Deseo

Cuantas veces desea el hombre desordenadamente alguna cosa, y a causa de eso pierde la paz y el sosiego. El soberbio y el avaricioso nunca están quietos, con nada se quedan conformes; en cambio el pobre y el humilde de espíritu viven en una paz por demás estable.

El hombre que no vive mortificándose constantemente, fácilmente y en muchos aspectos es tentado y vencido incluso por cosas pequeñas y viles. Mientras tenemos un espíritu flaco y aún inclinado a lo animal y sensible, con dificultad podemos abstraernos de los deseos terrenos. Y cuando nos abstenemos muchas veces recibimos tristeza, y nos enojamos con mucha facilidad por no tener lo que deseábamos. Pero si alcanzamos lo que deseamos, llega muy pronto la pesadumbre por el remordimiento de la conciencia; porque seguimos nuestro apetito, el cual nada aprovecha, para alcanzar la paz que busca.

La verdadera paz del corazón se encuentra en resistirse a las pasiones, no en seguirlas. No hay paz en el corazón del hombre carnal, ni del que se entrega a lo exterior, sino en el que es fervoroso y espiritual.

Todo esto tiene que ver con el deseo.

El deseo es el sentimiento que motiva la voluntad de querer poseer el objeto que se desea. El deseo es alimentado por uno o varios sentimientos y/o necesidades, llevándonos a diferentes estados de conciencia emocional. En algunos casos, guiados por las emociones obtenemos lo que deseamos sin importar las consecuencias de las acciones realizadas, en otros el deseo nos impulsa a hacer grandes sacrificios desinteresados para satisfacer esa necesidad. Cuando no obtenemos lo deseado el fracaso nos lleva a un estado de frustración e insatisfacción existencial, pero cuando lo obtenemos una sensación de satisfacción y plenitud crea un estado de felicidad.

En el contexto del budismo, el deseo es considerado la causa de todo sufrimiento, lo que significa que para eliminar el sufrimiento es necesario eliminar el deseo; esta mirada negativa del deseo se contrapone con la perspectiva positiva en que el deseo aparece siempre como un motor movilizador;  para el budismo, el deseo simplemente paraliza e impide el progreso espiritual.

El deseo podría interpretarse como la pulsión de vida, la cual tiende a la creatvidad. Esta fuerza inspiradora se contrapone con la pulsión de muerte. La clave en todo esto se encuentra, como siempre, en el equilibrio, y para esto dos consejos:

1.- Mantener los ojos bien fijos en el Creador, hacer todo para Él, no solo lo espiritual, sino hasta las cosas más insignificantes.

2.- Controlar el nivel de deseo, mediante la mortificación, es decir, si el deseo es el pulso de la vida, entonces mediante el sacrificio y mortificación, que significa ‘muerte’, mantener un equilibrio.

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Oración

Que difícil me resulta Señor, encontrar el equilibrio en todo, enséñame a equilibrar mi deseo; ciertamente quiero vivir, quiero ese pulso fuerte de vida, pero no quiero que sea tan fuerte como para olvidarme de ti o tomar malas decisiones. Ayúdame con tu gracia, a controlar mi nivel de deseo, que sea suficiente para mantenerme como un guerrero tuyo, pero no tanto como para solo ser un guerrero y no gusano.

Atte. El gusano equilibrado :s

2 responses to this post.

  1. Posted by alejandra mendoza on 14 marzo 2011 at 5:22 PM

    Que interesante está, felicidades!

    Responder

  2. GRAZIE ESTO PER TUTI

    Responder

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