Las 2 unciones

  
En la antigüedad era común ungir a las personas para distintas situaciones de la vida. Se ungían a los muertos y era una práctica común ungir a los reyes, era algo que los elevaba al nivel superior, a una dignidad mayor.
El ritual consistía, de modo práctico, en embarrar de aceite a la persona en cuestión. Y esto es perfectamente entendible si sabemos que ungir significa, en su etimología, básicamente ‘embarrar’. 

Esta acción en tiempos en los que la gente no podía bañarse a diario, significaba que permanecieran con el aceite visible en su cuerpo y con el olor de este evidenciándolos durante varios días.

Hasta nuestros días, es un término común hablar de la unción del Espíritu Santo, de dejarse ungir por el Espíritu de Dios. Y remitiéndonos al significado etimológico de la palabra, podríamos decir que esto significa embarrarse del Espíritu Santo, dejar que su esencia sea sensible y visible en nuestra persona, que su aroma pueda ser evidente para nosotros y los que nos rodean.

Ciertamente ese debe ser el anhelo de un cristiano. Que así como era levantada la dignidad de personas ordinarias para convertirse en reyes, la unción del Espíritu eleve nuestra dignidad a la condición de hijos de Dios.

Sin embargo, hay otro tipo de unción, una unción que no se menciona como tal, pero que al final, de cualquier modo tiene su efecto. San Ignacio de Antioquía la llamaba “El repugnante olor de las enseñanzas del príncipe de este mundo”. Es decir, que así como existe la unción del Espíritu de Dios, también puede ser que por descuido o necedad, nosotros estemos recibiendo la unción de las enseñanzas tan metidas en este mundo que son contrarias a Dios. Si nos remitimos otra vez el significado de la palabra unción, esto significaría que estamos siendo embarrados por ese repugnante olor. Y así como sea ungía antes para levantar reyes, hoy en día, quienes más reciben esta unción, también son ‘levantados’ y aplaudidos como modelos y principales de este mundo. En eso está la trampa, aunque tu conciencia te dice que algo no anda del todo bien, a tu alrededor hay un montón de gente que aplaude cuando tomas decisiones el final resultarán en tu ruina.

Elige bien, elige la unción del Espíritu y no permitas que el mundo te embarre con ideas vacías o peor aún, llenas de muerte.

La unción del Espíritu de Dios huele y sabe a vida eterna, te ungirá en tu muerte y llegarás a un final que no tiene final, que más que final, es el inicio.

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